En el Libro de los Vedas, uno de los textos sagrados del hinduismo se lo menciona reiteradamente como “el curandero silencioso”. También aluden a sus propiedades terapéuticas las tablillas sumerias de Akkad y las inscripciones asirio babilónicas con el nombre de Sibaru, y en el Antiguo Egipto numerosos papiros, frescos, grabados y pinturas testimonian igualmente la popularidad de esta planta, a la que se le atribuían propiedades milagrosas y que era considerada un regalo de los dioses.

Muchas de las formulaciones curativas que se citan en el “Libro egipcio de los remedios”, en las que se utiliza el jugo obtenido de las hojas de aloe se remontan posiblemente al tercer milenio antes de nuestra era. Los faraones egipcios lo consideraban como un elixir de larga vida, y era utilizado en las ceremonias y rituales funerarios como símbolo del renacimiento de la vida .También los sacerdotes egipcios utilizaban la pulpa de las hojas de aloe, en las formulaciones de embalsamamiento como “planta de la inmortalidad”.

 

 

Entre los chinos, la utilización y el conocimiento que tenían del aloe se remonta a los albores de la historia de esta prodigiosa civilización y dan testimonio de ello numerosos escritos y pinturas mucha de ellas pertenecientes al período del reinado de Fu-Hsi, primer emperador chino (siglo XXVIII aC).

Los antiguos hebreos lo utilizaron aprovechando sus propiedades terapéuticas, y también en sus costumbres y ritos funerarios; en los que solían envolver los cuerpos con lienzos aromatizados con mirra y aloe, según consta en el Antiguo Testamento (Números), en el Cantar de los Cantares y en el Nuevo Testamento(Evangelio según San Juan, en relación con el cuerpo de Jesús).

Hipócrates describe las propiedades curativas del aloe en el tratamiento de heridas, colitis, disentería, úlceras y tumoraciones y Alejandro Magno, aconsejado por Aristóteles, se apodera de la isla de Socotora y de sus plantaciones de aloe con el objeto de contar con suficientes reservas de jugo y pulpa para tratar las heridas de sus soldados.

Posteriormente en el siglo I de nuestra era, Dioscórides describió en su tratado de farmacognosia vegetal de materia médica las propiedades del aloe, destacando en especial, las de cicatrizar las heridas y las ulceraciones, como así también, las llagas abiertas, los forúnculos y los hemorroides.

Los habitantes del desierto del Sahara y de la península Arábiga, tuaregs y beduinos entre otros, conocían desde tiempos inmemoriales las virtudes del llamado Lirio del Desierto y el médico y filósofo Avicena fue quien contribuyó a la difusión de sus propiedades desde Isfahán, en la antigua Persia. Durante las Cruzadas, los europeos cristianos descubren los efectos cicatrizantes del aloe y es luego de la invasión de la Península Ibérica por los moros de Tariq ben Ziyad en el sigloVIII, que éstos introducen el aloe en España y lo aclimatan en Andalucía.

Los marinos de la expedición de Cristóbal Colón sobrevivieron al escorbuto y sus secuelas, como también a otras enfermedades que los azotaron durante la travesía y a la malnutrición ,gracias a las plantas de aloe que llevaban consigo y que el Almirante llamó “Doctor en maceta”. Fueron los jesuitas ,quienes contribuyeron posteriormente al cultivo del aloe en las colonias de América,Africa y del Extremo Oriente.

En la América Precolombina, el aloe era conocido entre los Mayas quienes la consideraban una planta sagrada y al igual que los Nahuas o Nahuatls, lo utilizaban para curar heridas, picaduras de insectos y mordeduras de serpientes. Actualmente la utilización del aloe goza de la mayor difusión en todo el continente americano, especialmente en América Central, donde con el nombre de Sábila es utilizada en la elaboración de jugo, gel o preparaciones a base de pulpa estabilizada de aloe con fines terapéuticos, nutricionales y cosméticos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las propiedades regeneradoras y cicatrizantes del aloe fueron redescubiertas tras varios siglos de permanencia en el olvido por el desarrollo de la industria farmacéutica y de la farmacología moderna. En efecto, tras los estragos causados por las radiaciones nucleares en Hiroshima y Nagasaki; las quemaduras, llagas y úlceras de la piel se curaron más rápidamente con aplicaciones de aloe. Desde entonces no han cesado las investigaciones ,que en número creciente se han llevado y continúan llevándose a cabo, en prestigiosos centros científicos ,universidades y laboratorios privados y estatales, atraídos por el interés que han despertado en la comunidad científica internacional las propiedades farmacológicas del Aloe Vera.

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